Romper la hora en Calanda, ¿cuándo se celebra?

Cada Viernes Santo, a las 12.00 de la mañana, cientos de tambores rompen el silencio en esta localidad turolense. 

Romper la Hora de Calanda. Javier Escriche

La plaza de España de Calanda, momentos antes de Romper la Hora | Javier Escriche

 

"A la primera campanada de las doce del reloj de la iglesia, un estruendo enorme como de un gran trueno retumba en todo el pueblo con una fuerza aplastante. Todos los tambores redoblan a la vez. Una emoción indefinible que pronto se convierte en una especie de embriaguez se apodera de los hombres". Con estas palabras describía el cineasta calandino Luis Buñuel la solemne tradición de Romper la Hora en el municipio bajoaragonés de Calanda, acto central de la celebración de su Semana Santa. 

 

El Viernes Santo, a las 12.00 de la mañana, los calandinos, ataviados con su túnica morada y acompañados de su tambor o bombo, se concentran en la plaza de España en torno al gran bombo, situado frente a la casa de Luis Buñuel. A pesar de la multitud que allí se concentra, el silencio reina minutos antes del gran estruendo. Cada año,un invitado célebre ligado al mundo del cine o de la cultura en general es el encargado de dar el primer toque, al que le siguen inmediatamente cientos de tambores y bombos, que no dejan de sonar hasta las 9 de la mañana del Sábado Santo, momento en el que comienza la Procesión del Santo Entierro.  

 

Este acto se celebra también en todos los pueblos que conforman la Ruta del Tambor y del Bombo -a excepción de Alcañiz-. En dichas localidades (Albalate del Arzobispo, Alcorisa, Andorra, Híjar, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda y Urrea de Gaén) tiene lugar en la noche del Jueves al Viernes Santo, tocando hasta bien entrado el día siguiente.

 

Una tradición de leyenda

 

Aunque se desconoce con exactitud el origen de este acto, en el que tambores y bombos suenan al unísono rompiendo el silencio de la localidad calandina y sus alrededores, en Calanda existe una leyenda popular sobre el por qué de su celebración desde hace más de 400 años. 'La leyenda de los tambores' narra como, allá por el año 1127, los vecinos de Calanda estaban celebrando su Semana Santa sin percartarse de que un grupo de soldados árabes se acercaba a la localidad. Los pastores que estaban por allí se percataron de lo que iba a ocurrir e hicieron sonar sus rústicos tambores para avisar a sus vecinos, que pudieron refugiarse del peligro. Desde entonces los pastores se reunían todos los Viernes Santo para recordar el suceso, golpeando pieles curtidas de cordero y cabra, pero en el año 1550, un fraile prohibió esta tradición por considerarla poco religiosa.

 

En el año 1640, durante la Guerra de Secesión, los tambores volvieron a sonar en Calanda, cuando toda la población marchó en procesión a la ermita del Humilladero, donde se encontraba una imagen de la Virgen del Pilar. No obstante, no fue hasta la primera mitad del siglo XX, cuando el sacerdote Mosén Vicente Allanegui, organizó las procesiones en la localidad  y dio a la percusión un significado, afirmando que el estruendo de los tambores simbolizaba "el duelo impresionante de la naturaleza ante la muerte del Creador".

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